Semana 33 - Aotearo o Nueva Zelandia, Australia

12 agosto - 31 diciembre 1969

INTERCESIONES

Damos gracias por:

  • La maravillosa diversidad de la creación y quienes tratan de ser buenos administradores.

  • Los aborígenes y cultura maorí, y quienes tratan de preservar lo mejor de ellos.

  • Árboles de la goma, canguros, wallabies y kiwis, el parque nacional Aoraki/Monte Cook y la formación rocosa Uluru/Ayers Rock.

  • Los arrecifes de coral y las maravillas de la vida que contienen.

  • Las sociedades que asumen la multiculturalidad y aprenden ser más abiertas para aceptar al diferente.

  • Debates encendidos e ingenio político.

Oramos por:

  • La vida y los derechos de los pueblos indígenas que han habitado en Australia por miles de años.

  • Los derechos del pueblo Maorí, habitantes originarios de Aotearoa /Nueva Zelandia.

  • Aquellos que dan testimonio de la fuerza del Evangelio en sociedades altamente secularizadas.

  • Terminar con la discriminación contra los refugiados y migrantes que buscan una vida mejor y más segura.

  • Quienes se oponen a la violencia y a la guerra.

 

ORACIÓN

Querido Dios, hay momentos

en los que escucho claramente tu voz

en el verdor: en el canto de la savia

en la conversación de las hojas, el murmullo

del brote y del tallo, la raíz, la savia y las células,

llamándome a volver a la naturaleza,

y sentir de nuevo tu frescura

alrededor de todas las cosas

como una brillante corriente color esmeralda.

Dios del verdor, tu conoces mi tendencia

a llenar mi vida con mis propios métodos de comunicación.

Gracias por volverme constantemente a tu simplicidad.

De nuevo siento el placer de andar

con los pies descalzos por el húmedo sendero en el bosque

y maravillarme con la luz que llega a través

del calidoscopio de los helechos,

y las miles de texturas de los árboles vestidos de musgo

y el brillo de tu presencia debajo de cada superficie.

Amado Creador, llegar a tu verdor

es como llegar al hogar;

un tiempo de gracia y paz

en el que lo intrascendente desaparece

y yo sé, nuevamente, que el verde brota

de mi propio ser

que viene de ti

y es realidad en ti,

radiante y hermoso Dios.