Semana 8 - Italia, Malta, Portugal, España

17 febrero - 31 diciembre 1969

INTERCESIONES

Damos gracias por:

  • La fidelidad de cristianos y cristianas que nutrieron y renovaron una larga tradición cristiana en estos países.

  • Por la tarea evangelizadora de San Pedro y San Pablo que, de alguna manera, permitió la conversión del Imperio Romano al cristianismo.

  • Las catacumbas y todos los monumentos donde las historia del cristianismo primitivo inspira una fe renovada.

  • El Apóstol Santiago, cuyo camino rumbo a Santiago de Compostela es un lugar que une a peregrinos en oración por la reconciliación de Europa.

  • Aquellos que reinterpretan la historia del Apóstol Santiago de suerte que no sea usada en contra de los musulmanes.

  • Los peregrinos que procuran encontrar una fe más profunda y sanar sus espíritus.

  • Quienes reciben y cuidan de migrantes y refugiados.

  • Guitarras, zapateo, castañuelas, la magia de los bailarines flamencos, el encanto de la canzoneta napolitana, la emoción de una ópera al aire libre en la antigua arena.

  • Los renovadores de la iglesia, entre ellos Pedro Valdo, Benito y la Escolástica, Francisco y Clara, Catalina de Siena.

  • Fiestas llenas de familia y amigos.

  • Miguel Ángel, Da Vinci, Tiziano, Velásquez y todos los que usaron su arte para proclamar el Evangelio.

Oramos por:

  • El Vaticano y todos los que están en posición de poder en la Iglesia Católica Romana.
  • El fin del terrorismo y la violencia, solución para los conflictos en la Región Vasca de España.

  • Un mejor uso de los recursos de aire, tierra y mar.

  • Orientación y sabiduría en el trato de cuestiones relativas a la inmigración.

  • Que la gente joven pueda encontrar oportunidades en su propia tierra y renueve su esperanza en Cristo.

  • Los inmigrantes y las víctimas de la trata de personas.

  • Los desempleados.

  • Acabar con la corrupción y el crimen, para que haya justicia para todos.

  • Continuar con la lucha contra la intolerancia y el odio.

  • Por la renovación espiritual de la Iglesia, en medio de un creciente secularismo y una sociedad materialista.

 

Afirmación de fe

Creo en un Padre

que ama tanto a sus hijos e hijas

que espera en silencio su retorno

para poder darle el mejor vestido,

matar el becerro gordo

y celebrar la fiesta de la reconciliación.

Creo en un Espíritu

cuyo poder no es revelado por un trueno en la tempestad,

ni en el temor que causa un terremoto,

pero sí a través de una voz suave.

Creo en un Hijo

que rompió el poder del Silencio

con un grito desgarrador

“Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado”

y al morir en la cruz

transformó el silencio de la muerte

en la muerte del Silencio.