Fecha del documento:  5.09.2012
Juntos por la vida: Misión y evangelización en contextos cambiantes

 

Nueva Afirmación del CMI sobre Misión y Evangelización

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Desde 2006, tras la Asamblea del CMI celebrada en Porto Alegre, la Comisión de Misión Mundial y Evangelización ha estado trabajando y colaborando en la elaboración de una nueva afirmación ecuménica sobre la misión. La nueva declaración se presentará en la 10ª Asamblea del CMI que se celebrará en Busan (Corea), en 2013. Desde la integración del Consejo Misionero Internacional (CMI) y del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) en 1961, en Nueva Delhi, el Comité Central del CMI solo ha aprobado una declaración oficial de posición sobre misión y evangelización, en 1982: “Misión y evangelización: una afirmación ecuménica”. Esta nueva afirmación sobre la misión fue  aprobada por unanimidad el 5 de septiembre de 2012 por el Comité Central del CMI, que se reunió en Creta (Grecia). El objetivo de este proceso de discernimiento ecuménico es buscar perspectivas, conceptos y orientaciones en aras de la renovación del entendimiento y la práctica de la misión y la evangelización en contextos en evolución. Se pretende lograr un amplio apoyo, más allá del círculo de las iglesias miembros del CMI y las organizaciones misioneras afiliadas, a fin de que podamos comprometernos juntos en favor de la plenitud de vida para todos, bajo la orientación del Dios de Vida.    

JUNTOS POR LA VIDA: INTRODUCCIÓN AL TEMA

1.      Creemos en el Dios Trino y Uno, que es el creador, el redentor y el sustentador de toda vida. Dios creó todo el oikoumene a su imagen, y obra constantemente en el mundo para afirmar y salvaguardar la vida. Creemos en Jesucristo, la Vida del mundo, la encarnación del amor de Dios por el mundo (Juan 3:16).[i] Afirmar la vida en toda su plenitud es la preocupación fundamental y la misión de Jesucristo (Juan 10:10). Creemos en Dios, el Espíritu Santo, el dador de vida, que sustenta y da fuerza a la vida, y que renueva toda la creación (Génesis 2:7; Juan 3:8). Negar la vida es rechazar el Dios de vida. Dios nos invita a participar en la misión vivificadora del Dios Trino y Uno, y nos da los medios para dar testimonio de la visión de vida en abundancia para todas las personas en el nuevo cielo y la nueva tierra. ¿Cómo y dónde discernimos la obra de Dios que da vida y nos hace capaces de participar en la misión de Dios hoy?

2.      La misión comienza en el corazón del Dios Trino y Uno, y el amor que une a la Santa Trinidad desborda en toda la humanidad y la creación. El Dios misionero que envía a su Hijo al mundo hace un llamamiento a todo su pueblo (Juan 20:21), y le da poder para que sea una comunidad de esperanza. A la iglesia se le encomendó que celebre la vida, y que resista y transforme las fuerzas que destruyen la vida, en el poder del Espíritu Santo. ¡Cuán importante es “recibir el Espíritu Santo” (Juan 20:22) para llegar a ser testigos vivos del reino venidero de Dios! Basándonos en una valoración renovada de la misión del Espíritu, ¿cómo hemos de replantearnos la misión de Dios en el mundo actual diversificado y en constante evolución?

3.      La vida en el Espíritu Santo es la esencia de la misión, y el centro de por qué hacemos lo que hacemos y de cómo vivimos nuestras vidas. La espiritualidad da un sentido más profundo a nuestras vidas y motiva nuestra acción. Es un don sagrado del Creador, la energía que permite afirmar y cuidar la vida. Esta espiritualidad de misión posee una dinámica de transformación que, mediante el compromiso espiritual de las personas, es capaz de transformar el mundo en gracia de Dios. ¿Cómo podemos recuperar la misión en tanto espiritualidad transformativa que afirme la vida?   

4.      Dios no envió a su Hijo únicamente para la salvación de la humanidad ni para darnos una salvación parcial. El Evangelio es la buena nueva para cada parte de la creación y cada aspecto de nuestra vida y de la sociedad. Así pues, es esencial que reconozcamos la misión de Dios en un sentido cósmico, y que afirmemos toda vida, la totalidad del oikoumene, como interconectado en la red de vida de Dios. Teniendo en cuenta la realidad de las amenazas al futuro de nuestro planeta, ¿cuáles son sus consecuencias a la hora de participar en la misión de Dios?

5.      La historia de la misión cristiana se ha caracterizado por concepciones de expansión geográfica a partir de un centro cristiano hacia los “territorios aún no alcanzados”, hacia los confines de la tierra. Sin embargo, actualmente nos enfrentamos con un panorama eclesial que está cambiando radicalmente y se define como “cristianismo mundial” en el que la mayoría de los cristianos viven o tienen sus orígenes en los países del Sur o del Este.[ii] La migración es un fenómeno mundial y multidireccional, que está reorganizando el panorama cristiano. El surgimiento de pujantes movimientos pentecostales y carismáticos en diferentes lugares es una de las características más destacadas del cristianismo mundial en la actualidad. ¿Cuáles son las perspectivas para la misión y la evangelización – las teologías, los programas y las prácticas – de este “cambio del centro de gravedad del cristianismo”?

6.      La misión se ha entendido como un movimiento que va del centro a la periferia, y de los privilegiados a los marginados de la sociedad. Actualmente las personas que viven en los márgenes están reivindicando su función clave de agentes de la misión y afirman que la misión es transformación. Esta inversión de los papeles en la concepción de la misión tiene sólidos fundamentos bíblicos porque Dios escogió a los pobres, a los insensatos y a los que no tienen poder (1 Corintios 1:18-31) para hacer avanzar su misión de justicia y de paz a fin de que la vida pueda prosperar. Si realmente existe un cambio en el concepto de la misión pasando de “misión hacia los márgenes de la sociedad” a “misión desde los márgenes de la sociedad”, ¿cuál es entonces la aportación singular de las gentes de los márgenes? Y ¿por qué sus experiencias y visiones son fundamentales a la hora de concebir de forma diferente la misión y la evangelización en el día de hoy?    

7.      Vivimos en un mundo en el que la fe en “Mammon”, el rey dinero, amenaza la credibilidad del Evangelio. La ideología del mercado difunde la creencia de que el mercado global salvará el mundo mediante un crecimiento ilimitado. Este mito es una amenaza no solo para la vida económica sino también para la vida espiritual de las personas, aunque no sólo la vida de la humanidad sino también de toda la creación. ¿Cómo proclamar la buena nueva y los valores del reino de Dios en un mercado global, o vencer el espíritu del mercado? ¿Qué tipo de acción misionera puede realizar la iglesia en medio de la injusticia y la crisis económicas y ecológicas a escala mundial? 

8.      Todos los cristianos, las iglesias y las congregaciones están llamados a ser mensajeros elocuentes del Evangelio de Jesucristo, que es la buena nueva de salvación. Evangelizar es compartir con humildad y confianza nuestra fe y convicciones con otras personas. Ese compartir es un don que ofrecemos a otros y que anuncia el amor, la gracia y la misericordia de Dios en Cristo. Es el fruto insoslayable de la fe verdadera. Por ello, en cada generación, la iglesia debe renovar su compromiso con la evangelización como parte esencial de la proclamación del amor de Dios al mundo. ¿Cómo podemos proclamar el amor y la justicia de Dios a una generación que vive en un mundo individualizado, secularizado y materializado?

9.      La iglesia vive en contextos plurirreligiosos y pluriculturales y las nuevas tecnologías de la comunicación permiten una mayor conciencia de las identidades e intereses. Tanto a nivel local como mundial los cristianos están comprometidos con creyentes de otras religiones y culturas en la construcción de comunidades de amor, paz y justicia. Esos contextos plurales son un desafío para las iglesias, por lo que es indispensable un serio compromiso con el diálogo interreligioso y la comunicación intercultural. ¿Cuáles son las convicciones ecuménicas en relación con el testimonio común y la práctica de una misión que da vida en un mundo de muchas religiones y culturas?

10.  La iglesia es un don de Dios al mundo en aras de su transformación para avanzar hacia el reino de Dios. Su misión es aportar nueva vida y anunciar la presencia amorosa de Dios en nuestro mundo. Debemos participar en la misión de Dios en unidad, superar las divisiones y tensiones que existen entre nosotros, a fin de que el mundo crea y que todos seamos uno (Juan 17:21). La iglesia, como comunión de los discípulos de Cristo, debe ser una comunidad incluyente siendo su razón de ser aportar sanación y reconciliación al mundo. ¿Cómo puede la iglesia renovarse para ser misionera, y avanzar juntos hacia la vida en su plenitud?

11.  En esta declaración se ponen de relieve algunos avances importantes en el entendimiento de la misión del Espíritu Santo en el marco de la misión del Dios Trino y Uno (missio dei) gracias a la labor de la CMME, que se reúnen bajo cuatro temas principales:

·         Espíritu de misión: Soplo de vida 

·         Espíritu de liberación: la misión desde los márgenes

·         Espíritu de comunidad: la Iglesia en marcha 

·         Espíritu de Pentecostés: buena noticia para todos

La reflexión sobre esas perspectivas nos permite aceptar el dinamismo, la justicia, la diversidad y la transformación como conceptos clave de la misión en los contextos siempre en evolución del día de hoy. Como respuesta a las preguntas planteadas anteriormente, concluimos con diez afirmaciones para la misión y la evangelización en nuestro tiempo.

ESPÍRITU DE MISIÓN: SOPLO DE VIDA

La misión del Espíritu

12.  En el principio, el Espíritu de Dios – ru’ach– se movía sobre la faz de las aguas (Génesis 1:2), siendo la fuente de la vida y el aliento de la humanidad (Génesis 2:7). En la Biblia hebrea, el Espíritu conduce al pueblo de Dios – inspirando sabiduría (Proverbios 8), dando poder de profecía (Isaías 61:1), dando vida a huesos secos (Ezequiel 37), induciendo sueños (Joel 2) y aportando renovación al templo para llenarlo de la gloria del Señor (2 Crónicas 7:1).

13.  El mismo Espíritu de Dios que “se movía sobre la faz de las aguas” en el momento de la creación y descendió sobre María (Lucas 1:35) y dio vida a Jesucristo. Fue el Espíritu Santo quien invistió de poder a Jesús en su bautismo (Marcos 1:10) y le encomendó su misión (Lucas 4:14, 18). Jesucristo, lleno del Espíritu de Dios, murió en la cruz. Y entregó su espíritu (Juan 19:30). Por el poder del Espíritu Santo, el primogénito de los muertos fue levantado de entre los muertos, de la frialdad de la tumba, a la vida (Romanos 8:11). 

14.  Tras su resurrección, Jesucristo apareció a su comunidad y envió a sus discípulos en misión: “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21-22). Por el don del Espíritu Santo, “el poder desde lo alto”, fueron constituidos en una nueva comunidad de testigos de la esperanza en Cristo (Lucas 24:49; Hechos 1:8). En el Espíritu de unidad, la Iglesia primitiva vivió en comunidad unida, y todo lo compartían entre sus miembros (Hechos 2:44-45). 

15.  Así pues, la universalidad de la economía del Espíritu en la creación y la singularidad de la obra del Espíritu en la redención deben entenderse juntas como la misión del Espíritu para los nuevos cielos y la nueva tierra, cuando Dios sea finalmente “todo en todos” (1  Corintios 15:24-28). El Espíritu Santo obra en el mundo en formas que suelen ser misteriosas y desconocidas, y que sobrepasan nuestra imaginación (Lucas 1:34-35; Juan 3:8; Hechos 2:16-21).

16.  El testimonio bíblico da cuenta de una diversidad de entendimientos del papel del    Espíritu Santo en misión. Una perspectiva destaca que el Espíritu Santo es totalmente dependiente de Cristo, el Paracleto, aquél que ha de venir como consejero y abogado sólo después de que Cristo haya ido al Padre. Se considera que el Espíritu Santo es la presencia permanente de Cristo, su agente encargado de cumplir la tarea de la misión. Este entendimiento apunta a una misiología centrada en el envío y el ir al mundo. Por consiguiente, un enfoque pneumatológico de la misión cristiana reconoce que la misión se basa fundamentalmente en Cristo y relaciona la labor del Espíritu Santo con la salvación por medio de Jesucristo.

17.  Otra perspectiva destaca que el Espíritu Santo es el “Espíritu de Verdad” que conduce a “toda verdad” (Juan 16:13) y sopla para donde quiere ir (Juan 3:8), o sea abarcando todo el cosmos, y proclamando al Espíritu Santo como la fuente de Cristo, y a la iglesia como la reunión (synaxis) escatológica del pueblo de Dios en el reino de Dios. La segunda perspectiva postula que los fieles van en paz (en misión) tras haber tenido la vivencia, en su reunión eucarística, del reino escatológico de Dios como un vislumbre y un anticipo. Así pues, la misión como envío es el resultado, y no el origen de la iglesia, y se la designa “la liturgia después de la liturgia”.[iii]

18.  Queda claro que por el Espíritu participamos en la misión de amor que está en el centro de la vida de la Trinidad. Esto da lugar a un testimonio cristiano que promueve sin cesar el poder salvífico de Dios por medio de Jesucristo, y afirma constantemente la participación dinámica de Dios mediante el Espíritu Santo en todo el mundo creado. Todos los que responden a la efusión del amor de Dios están invitados a unirse con el Espíritu en la misión de Dios. 

Misión y prosperidad de la creación

19.  La misión es la efusión desbordante del amor infinito del Dios Trino y Uno. La misión de Dios comienza en el acto de la creación. La vida de la creación y la vida de Dios están estrechamente ligadas y la misión de Dios nos incluye a todos en un acto de gracia que es un don permanente. Estamos llamados a ir más allá del enfoque estricto antropocéntrico y a adherirnos a formas de misión que expresen nuestra relación reconciliada con toda vida creada. Escuchamos los clamores de la tierra al oír los lamentos de los pobres, y sabemos que, desde sus comienzos, la tierra ha clamado a Dios a causa de las injusticias de la humanidad (Génesis 4:10).

20.  La misión centrada en la creación ya es un movimiento positivo en nuestras iglesias en forma de campañas por la justicia ecológica y de estilos de vida más sustentables, y mediante espiritualidades que sean respetuosas con la tierra. Sin embargo, nuestra misión ha olvidado a veces que toda la creación es parte integrante de la unidad reconciliada a la que todos estamos llamados (2 Corintios 5:18-19). No creemos que haya que dejar de lado a la tierra y que solo las almas hayan de salvarse; tanto la tierra como nuestros cuerpos tienen que ser transformados por la gracia del Espíritu. Así como testifican la visión de Isaías y la revelación de Juan, Dios hará nuevos cielos y nueva tierra (Isaías 11:1-9; 25:6-10; 66:22; Apocalipsis 21:1-4).

21.  Nuestra participación en la misión, el hecho de ser partes de la creación, y nuestra práctica de la vida del Espíritu tienen que entrelazarse entre sí porque son recíprocamente transformadores. No debemos buscar uno sin los otros. Si lo hacemos, corremos el riesgo de adoptar una espiritualidad individualista que nos lleva a creer equivocadamente que pertenecemos a Dios sin pertenecer a nuestro prójimo y caemos en una espiritualidad que nos hace sentir bien mientras el resto de la creación sufre y anhela.  

22.  Necesitamos una nueva conversión (metanoia) en nuestra misión, que nos invite a ser humildes a la hora de participar en la misión del Espíritu de Dios. Generalmente entendemos y practicamos la misión como algo que hace la humanidad a otros. Sin embargo, los seres humanos pueden participar en comunión con toda la creación en la celebración de la obra del Creador. De muy diversas maneras, la creación está en misión para con la humanidad, por ejemplo el mundo de la naturaleza posee un poder capaz de curar el corazón y el cuerpo humanos. La literatura sapiencial afirma la alabanza de la creación a su Creador (Salmo 19:1-4; 66:1; 96:11-13; 98:4; 100:1; 150:6); y la alegría y el asombro del Creador ante la creación son una de las fuentes de nuestra espiritualidad (Job 38–39).

23.  Queremos afirmar nuestra relación espiritual con la creación, aunque es un hecho que contaminamos y explotamos la tierra. El consumismo es el motor no ya del crecimiento sin límites sino de la explotación sin fin de los recursos de la tierra. La codicia humana contribuye al calentamiento del planeta y a otras formas de cambio climático. Si esta tendencia continúa y la tierra resulta dañada mortalmente, ¿cuál puede ser la salvación? La humanidad no puede salvarse sola mientras perece el resto del mundo creado. La ecojusticia no puede separarse de la salvación, y la salvación no puede ser posible sin una nueva actitud de humildad que respete las necesidades de toda la vida en la Tierra.

Dones espirituales y discernimiento

24.  El Espíritu Santo ofrece dones de manera gratuita e imparcial (1 Corintios 12:8-10; Romanos 12:6-8; Efesios 4:11) que es necesario compartir para la edificación de los otros (1 Corintios 12:7; 14:26), y la reconciliación de toda la creación (Romanos 8:19-23). Uno de los dones del Espíritu es el discernimiento de los espíritus (1 Corintios 12:10). Discernimos el Espíritu de Dios cada vez que se afirma la vida en su plenitud y en todas sus dimensiones, en particular la liberación de los oprimidos, la sanación y la reconciliación de las comunidades quebrantadas y la restauración de la creación. También discernimos los espíritus malignos cuando prevalecen las fuerzas de muerte y de destrucción de la vida. 

25.  Los primeros cristianos, como muchas iglesias actualmente, vivieron la experiencia de un mundo de muchos espíritus. El Nuevo Testamento da testimonio de diversos espíritus, en particular de espíritus malignos, de “espíritus servidores” (por ejemplo, los ángeles, Hebreos 1:14), de “principados” y de “potestades” (Efesios 6:12), de la bestia (Apocalipsis 13:1-7) y de otros poderes – buenos y malos. El apóstol Pablo también da testimonio de un combate espiritual (Efesios 6:10-18; 2 Corintios 10:4-6) y se nos dice que debemos resistir al diablo (Santiago 4:7; 1 Pedro 5:8). Las iglesias están llamadas a discernir la obra del Espíritu vivificador enviado al mundo, y a colaborar con el poder del Espíritu Santo en la consecución del reino de justicia de Dios (Hechos 1:6-8). Una vez que hayamos discernido la presencia del Espíritu Santo, estamos llamados a responder, reconociendo que el Espíritu de Dios suele ser subversivo, conduciéndonos más allá de los límites, y sorprendiéndonos.

26.  Nuestro encuentro con el Dios Trino y Uno es interior, personal, y comunal, aunque nos orienta al mismo tiempo a ir hacia fuera en la tarea misionera. Los símbolos y tratamientos tradicionalmente atribuidos al Espíritu (tales como: fuego, luz, rocío, fuente, unción, curación, tierno, calor, consuelo, consolación, fuerza, descanso, lavar, resplandecer) muestran que el Espíritu conoce nuestras vidas y todos los aspectos de las relaciones, de la vida y de la creación que son objeto de la misión. El Espíritu nos conduce a participar en diversos momentos y situaciones, en encuentros con otras personas, a penetrar en los espacios de encuentro y en lugares decisivos donde tienen lugar las luchas humanas.

27.  El Espíritu Santo es el Espíritu de sabiduría (Isaías 11:3; Efesios 1:17) y nos guía a toda verdad (Juan 16:13). El Espíritu inspira las culturas y la creatividad humanas, por lo que reconocer y respetar las sabidurías que promueven la vida en cada cultura y en cada contexto, y cooperar con ellas, forma parte de nuestra misión. Lamentamos que la actividad misionera vinculada a la colonización haya denigrado con frecuencia las culturas y no haya sabido reconocer la sabiduría de la población local. La sabiduría y la cultura locales que afirman la vida son un don del Espíritu de Dios. Hemos escuchado los testimonios de pueblos cuyas tradiciones han sido vilipendiadas y objeto de burlas por teólogos y científicos, y, sin embargo, su sabiduría nos ofrece una orientación esencial y, a veces, nueva, que puede volver a ponernos en contacto con la vida del Espíritu en la creación, lo que nos ayuda a examinar las formas en las que Dios se pone de manifiesto en la creación.

28.  No nos corresponde afirmar que el Espíritu está con nosotros: cabe a otros reconocerlo en la vida que llevamos. El apóstol Pablo lo expresa cuando estimula a la iglesia a dar los frutos del Espíritu que son: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:23). Cuando vivimos concretamente esos frutos, esperamos que los otros vean el amor y el poder más profundos del Espíritu a la obra.

Espiritualidad transformadora         

29.  El testimonio cristiano auténtico no es solo lo que hacemos en la misión sino cómo vivimos concretamente nuestra misión. La iglesia en misión sólo puede recibir el apoyo de espiritualidades profundamente arraigadas en la comunión de amor de la Trinidad. La espiritualidad da un sentido más profundo a nuestras vidas y estimula, motiva y da dinamismo a lo largo de la vida. Es energía para una vida en su plenitud y exige el compromiso de resistir a todas las fuerzas, los poderes y los sistemas que niegan, destruyen y menoscaban la vida.

30.  La espiritualidad de la misión es siempre transformadora. La espiritualidad de la misión resiste y trata de transformar todos los valores y sistemas que destruyen la vida dondequiera que estén en acción en nuestras economías, nuestras políticas, e incluso en nuestras iglesias. “Nuestra confianza en Dios y en el don de la vida concedido gratuitamente por Dios nos obliga a enfrentarnos con supuestos idolátricos, sistemas injustos y las políticas de dominación y explotación en el actual orden económico mundial. La economía y la justicia económica son siempre cuestiones de fe ya que afectan a la esencia misma del designo de Dios para la creación”.[iv] La espiritualidad de la misión nos motiva a estar al servicio de la economía de vida de Dios y no de la riqueza (Mammon), a compartir la vida en la mesa de Dios en lugar de satisfacer la codicia personal, a procurar el cambio en pro de un mundo mejor poniendo en tela de juicio el interés egoísta de los poderosos que desean mantener el statu quo.

31.  Jesús nos dijo: “No podéis servir a Dios y a las riquezas (Mammon)” (Mateo 6:24). La política de crecimiento ilimitado mediante la dominación del libre mercado global es una ideología que afirma que no hay alternativas, y exige un sin fin de sacrificios a los pobres y a la naturaleza. “Promete la falacia de salvar el mundo mediante la creación de riqueza y prosperidad, se atribuye la soberanía sobre la vida y exige una lealtad total que equivale a idolatría”.[v] Se trata de un sistema mundial dominado por la codicia y el dinero que protege el crecimiento ilimitado de la riqueza de los ricos y poderosos mediante una explotación sin límites. Esta impúdica codicia está amenazando la casa de Dios. El reino de Dios está en directa oposición con el imperio de la codicia y el dinero.

32.  La transformación puede entenderse a la luz del misterio pascual: “Si morimos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él” (2 Timoteo 2:11-12, RVC). En situaciones de opresión, discriminación y sufrimiento, la cruz de Cristo es el poder de Dios para la salvación (1 Corintios 1:18). Asimismo en nuestros tiempos, algunos han pagado con su vida su testimonio cristiano, lo que nos recuerda el costo de la obediencia como discípulos. El Espíritu da a los cristianos el valor de vivir en la práctica sus convicciones, aunque se enfrenten con la persecución y el martirio.

33.  A la luz de la cruz, estamos llamados a arrepentirnos por haber abusado de nuestro poder y por haber utilizado de forma equivocada el poder en la misión y en la iglesia. Además, “preocupados por las asimetrías y los desequilibrios de poder que nos dividen y perturban en la iglesia y en el mundo, estamos llamados al arrepentimiento, a la reflexión crítica sobre los sistemas de poder, y al uso responsable de las estructuras de poder”. [vi] El Espíritu da poder a quienes no lo tienen y exhorta a los poderosos a despojarse de su poder y privilegios en beneficio de quienes se han visto privados de los mismos.

34.  La experiencia de la vida en el Espíritu es un anticipo de la vida en su plenitud. Estamos llamados a dar testimonio de un movimiento que promueve la vida, que celebra todo lo que el Espíritu continúa creando, dándonos la mano en actitud solidaria para atravesar los ríos de desesperación y angustia (Salmo 23, Isaías 43:1-5). La misión suscita en nosotros una conciencia renovada de que el Espíritu Santo viene a nuestro encuentro y nos interpela a todos los niveles de la vida, aportando lo nuevo y el cambio a los lugares y los tiempos de nuestro peregrinar individual y colectivo.

35.  El Espíritu Santo está presente junto a nosotros como un compañero, aunque nunca domesticado o dócil. Entre las sorpresas que nos reserva el Espíritu están los medios por los que Dios obra desde lugares que parecen estar en los márgenes y por medio de personas que parecen estar excluidas.

ESPÍRITU DE LIBERACIÓN: LA MISIÓN DESDE LOS MÁRGENES

36.  El designio de Dios para el mundo no es crear otro mundo sino recrear lo que Dios ya ha creado en amor y sabiduría. Jesús comenzó su ministerio afirmando que estar lleno del Espíritu es liberar a los oprimidos, restaurar la vista a los ciegos, y anunciar la venida del reino de Dios (Lucas 4: 16-18). Emprendió el cumplimiento de su misión optando por los que están en los márgenes de la sociedad, y no ya a partir de una caridad paternalista, porque sus situaciones daban testimonio del pecado del mundo y su ansia de vida se conjugaba con los designios de Dios.

37.  Jesucristo se relaciona y acoge a quienes están más marginados en la sociedad con objeto de impugnar y transformar todo lo que niega la vida, incluidos las culturas y los sistemas que generan y mantienen la pobreza, la discriminación y la deshumanización generalizadas, y explotan y destruyen a las personas y la tierra. La misión a partir de los márgenes es un llamamiento a entender las complejidades de las dinámicas de poder, los sistemas y las estructuras mundiales, y las realidades contextuales locales. La misión cristiana se ha entendido y practicado a veces en formas que dejan de reconocer que Dios optó por quienes son empujados sistemáticamente hacia los márgenes. Así pues, la misión desde los márgenes invita a las iglesias a volver a pensar la misión como una vocación que nos inspira el Espíritu de Dios que obra por un mundo en el que la plenitud de vida sea posible para toda persona.

¿Por qué los márgenes y la marginación?

38.  La misión desde los márgenes busca contrarrestar las injusticias en la vida, la iglesia y la misión. Desea ser un movimiento de misión alternativo que se oponga a la percepción de que la misión sólo es posible por parte de los poderosos para con los que no tienen poder, de los ricos para con los pobres, o de los privilegiados para con los marginados. Estos enfoques pueden contribuir a la opresión y la marginación. La misión desde los márgenes reconoce que estar en el centro significa tener acceso a los sistemas que permiten que se afirmen y respeten los propios derechos, la libertad y la individualidad, mientras que vivir en los márgenes significa estar excluidos de la justicia y la dignidad. Sin embargo, vivir en los márgenes puede ofrecer enseñanzas. Quienes están en los márgenes tienen la capacidad de actuar por sí mismos, lo que les permite ver lo que está fuera de la vista de quienes viven en el centro. Las personas en los márgenes, por el hecho de vivir en posición de vulnerabilidad, suelen percibir las fuerzas de exclusión que amenazan su supervivencia y pueden discernir mejor la urgencia de sus luchas; las personas en posición de privilegio tienen mucho que aprender de las luchas cotidianas de las personas que viven en condiciones de marginalidad.

39.  Las personas marginadas tienen dones que Dios les ha dado y están infrautilizados debido a su sentimiento de impotencia, y a que se les niega el acceso a oportunidades y a la justicia. Mediante las luchas en la vida y por la vida, las personas marginadas son depositarios de esperanza viva, de resistencia colectiva y de perseverancia, necesarias para permanecer fieles al reino que Dios nos ha prometido.

40.  Debido a que el contexto de la tarea misionera influye en su alcance y su naturaleza, debe tenerse en cuenta el lugar social de todas las personas que participan en la labor misionera. Las reflexiones misiológicas tienen que reconocer las diferentes orientaciones en materia de valores que definen las perspectivas de la misión. El objetivo de la misión no es simplemente desplazar a las personas de los márgenes a los centros de poder sino confrontar a quienes permanecen en el centro manteniendo a otras personas en los márgenes. Por el contrario, las iglesias están llamadas a transformar las estructuras de poder.

41.  Las expresiones dominantes de la misión, tanto en el pasado como actualmente, han estado dirigidas generalmente a quienes viven en los márgenes de la sociedad. Y los han considerado, en general, como destinatarios y no como agentes de la actividad misionera. La misión que se expresa de esa forma ha sido con demasiada frecuencia cómplice de sistemas de opresión que niegan la vida. Generalmente, la actividad misionera ha optado por los privilegios del centro y se ha mostrado en buena medida incapaz de impugnar los sistemas políticos, culturales, sociales, y económicos que han marginado a algunos pueblos. La misión desde el centro está motivada por una actitud paternalista y un complejo de superioridad. Históricamente, se ha equiparado el cristianismo con la cultura occidental y ha tenido como resultado consecuencias negativas, en particular, la denegación de la identidad de pleno derecho de las víctimas de esa marginación.

42.  Una importante preocupación común de quienes viven en los márgenes es la incapacidad de nuestras sociedades, culturas, civilizaciones, naciones e incluso de nuestras iglesias de honrar la dignidad y el valor de todas las personas. La injusticia está en la raíz de las desigualdades que dan lugar a la marginación y la opresión. El deseo de justicia de Dios está inextricablemente vinculado a su naturaleza y soberanía. “Porque el Señor, vuestro Dios, es Dios de dioses y Señor de señores (…) que hace justicia al huérfano y a la viuda, que ama también al extranjero y le da pan y vestido” (Deuteronomio 10:17-18). Así pues, toda actividad misionera debe salvaguardar el valor sagrado de cada ser humano y de la creación (véase Isaías 58).

La misión como lucha y resistencia

43.  La afirmación de la misión de Dios (missio Dei) entraña la creencia en Dios como Aquél que actúa en la historia y en la creación, en las realidades concretas de la época y de los distintos contextos, que desea la plenitud de vida para toda la Tierra por medio de la justica, la paz y la reconciliación. Así pues, la participación en la obra actual de liberación y reconciliación de Dios por el Espíritu Santo incluye discernir y desenmascarar a los demonios que explotan y esclavizan. Por ejemplo, esto implica deconstruir las ideologías patriarcales, apoyando el derecho a la libre determinación de los pueblos indígenas, e impugnando el arraigo social del racismo y del sistema de castas. 

44.  La esperanza que anima a la iglesia está arraigada en el cumplimiento prometido del reino de Dios. Entraña la restauración de relaciones justas entre Dios y la humanidad y toda la creación. Aunque esta visión se refiere a una realidad escatológica, dinamiza y fundamenta nuestra en profundidad nuestra participación actual en la obra salvífica de Dios en este penúltimo período.

45.  La participación en la misión de Dios sigue la manera de Jesús, que no vino para ser servido sino para servir (Marcos 10:45); que destrona a los poderosos y exalta a los humildes (Lucas 1:46-55); y cuyo amor se caracteriza por el apoyo mutuo, la reciprocidad y la interdependencia. Así pues, requiere el compromiso de resistir y luchar contra los poderes que impiden la plenitud de vida que Dios quiere para todos los seres humanos; y la voluntad de trabajar con otros en movimientos e iniciativas comprometidos con las causas de la justicia, la dignidad y la vida.

La misión en clave de justicia e inclusión

46.  La buena nueva del reino de Dios guarda relación con la promesa de un mundo justo y sin exclusiones. La inclusión fomenta relaciones justas en la comunidad de la humanidad y en la creación, mediante el reconocimiento mutuo de las personas y la creación, y el respeto y el apoyo mutuos del valor sagrado de cada uno. Asimismo, facilita la participación plena de cada persona en la vida de la comunidad. El bautismo en Cristo entraña un compromiso de toda la vida de dar cuenta de nuestra esperanza derribando las barreras, en aras de una identidad común bajo la soberanía de Dios (Gálatas 3: 27-28). Por consiguiente, cualquier forma de discriminación hacia un ser humano es inaceptable ante los ojos de Dios.

47.  Jesús prometió que los últimos serán los primeros (Mateo 20:16). Siempre que la iglesia practica una hospitalidad radical para con los marginados de nuestra sociedad, demuestra su compromiso de encarnar los valores del reino de Dios (Isaías 58:6). Siempre que denuncia el egocentrismo como forma de vida, está ampliando el espacio para que el reino de Dios pueda permear la existencia humana. Siempre que renuncia a la violencia en sus manifestaciones física, psicológica y espiritual, tanto en interacciones personales como en los sistemas económicos, políticos y sociales, da testimonio del reino de Dios que obra en el mundo.  

48.  De hecho, la misión, el dinero y el poder político son socios estratégicos. Aunque nuestro discurso misiológico y teológico diga que la misión de la iglesia es estar en solidaridad con los pobres, a veces, en la práctica, está mucho más preocupada por estar en los centros de poder, comiendo con los ricos y haciendo presión para obtener el dinero necesario que le permita mantener la burocracia eclesiástica. Esto plantea retos específicos a la hora de reflexionar acerca de lo que es buena nueva para los privilegiados y poderosos.

49.  La iglesia está llamada a manifestar el plan santo de Dios para el mundo que afirma la vida y se reveló en Jesucristo. Esto significa rechazar los valores y las prácticas que llevan a la destrucción de la comunidad. Los cristianos están llamados a reconocer la índole pecaminosa de todas las formas de discriminación y a transformar las estructuras injustas. Este llamamiento suscita expectativas en relación con la iglesia. La iglesia debe negarse a albergar en sus filas las fuerzas de la opresión, actuando, por el contrario, como una comunidad contracultural. El mandato bíblico a la comunidad del pacto en uno y otro testamentos se caracteriza por el precepto “pero entre vosotros no será así” (Mateo 20:26).

La misión como curación e integridad

50.  Las acciones encaminadas a promover la curación y la integridad de la vida de las personas y las comunidades son una importante expresión de la misión. La curación no fue únicamente una característica central del ministerio de Jesús, sino también de su llamamiento a sus seguidores para que continúen su obra (Mateo 10:1). Curar es también uno de los dones del Espíritu Santo (1 Corintios 12:9; Hechos 3). El Espíritu da poder a la iglesia para asumir su misión de promover la vida, que incluye la oración, la atención pastoral, y la atención de salud profesional por un lado, y, por otro lado, la denuncia profética de las causas del sufrimiento, mediante la transformación de las estructuras que son causa de injusticia, y la continuación de la investigación científica.

51.  La salud es más que el bienestar físico y mental, y la curación no es ante todo médica. Este entendimiento de la salud es coherente con la tradición bíblica-teológica de la iglesia, que considera el ser humano como una unidad pluridimensional, y el cuerpo, el alma y el espíritu como interrelacionados e interdependientes. Así pues, afirma las dimensiones social, política y ecológica de la persona y de su integridad. La salud, en el sentido de salud integral, es una condición relacionada con la promesa de Dios para el final de los tiempos, así como una posibilidad real en el presente.[vii] La salud integral no es un equilibrio estático de armonía sino más bien entraña la vida en comunidad con Dios, las personas y la creación. El individualismo y la injusticia son barreras que impiden la edificación de la comunidad, y, por lo tanto, la salud integral. Toda discriminación basada en condiciones médicas o en la discapacidad – incluidos el VIH y el SIDA – es contraria a las enseñanzas de Jesucristo. Sin embargo, cuando se incluyen todas las partes de nuestra vida individual y colectiva que habían sido dejadas de lado, y cuando las personas relegadas o marginadas se unen en amor, de tal manera que podemos experimentar la salud integral, es posible discernir signos del reino de Dios en la tierra.

52.  Las sociedades han tenido tendencia a considerar la discapacidad y la enfermedad como una manifestación del pecado o un problema médico aún no resuelto. En el modelo médico se ha insistido en la corrección o el tratamiento de lo que se considera como una “deficiencia” de la persona. Sin embargo, muchas personas marginadas no se consideran a sí mismas como “deficientes” o “enfermos”. La Biblia da cuenta de muchas situaciones en las que Jesús curó a personas que tenían diversas dolencias pero, y es igualmente importante, también restituía a las personas a su debido lugar en el tejido de la comunidad. Curar tiene que ver más con el restablecimiento de la integridad que con la corrección de algo que se percibe como defectuoso. Para restablecer la integridad, es necesario recuperar las partes que estaban alienadas. Con objeto de promover la concepción bíblica, es necesario dejar de lado la insistencia en el tratamiento. La misión debe fomentar la plena participación de las personas con discapacidades y enfermedades en la vida de la iglesia y la sociedad.

53.  La misión médica cristiana tiene como objetivo garantizar la salud para todos, en el sentido de que todas las personas en el mundo puedan tener acceso a una atención de salud de calidad. Las iglesias pueden contribuir a ese objetivo de muchas formas, y, de hecho, ya participan en la salud y la curación en un sentido global, mediante la creación de dispensarios y hospitales de misión; ofreciendo sus servicios de orientación sociopsicológica, creando grupos de acompañamiento a los enfermos y programas de salud; las iglesias pueden formar grupos, a nivel local, para visitar a los enfermos de una congregación. Como parte del proceso de curación puede mencionarse la oración con y por los enfermos, la confesión y el perdón, la imposición de las manos, la unción con aceite, así como el recurso a los dones espirituales carismáticos (1 Corintios 12). Sin embargo, debemos tener en cuenta que las formas inadecuadas de culto cristiano, en particular los servicios de sanación triunfalistas en los que el líder es glorificado en detrimento de Dios, y en los que se suscitan falsas expectativas, pueden ser muy perjudiciales para las personas. Esto no significa negar la intervención milagrosa de sanación de Dios en algunos casos

54.  La comunidad cristiana, como comunidad de personas imperfectas, y por ser parte de una creación que gime de dolor y de anhelo de liberación, puede ser un signo de esperanza, y una expresión del reino de Dios aquí en la tierra (Romanos 8:22-24). El Espíritu Santo obra por la justicia y la sanación de muchas maneras y le es grato habitar esa comunidad particular que está llamada a encarnar la misión de Cristo.

ESPÍRITU DE COMUNIDAD: LA IGLESIA EN MARCHA

La misión de Dios y la vida de la iglesia

55.  La vida de la iglesia es el resultado del amor del Dios Trino y Uno. “Dios es amor” (1 Juan 4:8). La misión es una respuesta al apremiante amor de Dios que se manifiesta en la creación y la redención. “El amor de Dios nos apremia” (Caritas Christi urget nos). Esta comunión (koinonia) abre nuestro corazón y nuestra vida a nuestros hermanos y hermanas en el mismo movimiento del compartir el amor de Dios (2 Corintios 5:18-21). Viviendo en ese amor de Dios, la iglesia está llamada a ser la buena nueva para todos. El desbordante amor compartido del Dios Trino y Uno es la fuente de toda misión y evangelización.

56.  El amor de Dios, manifestado en la acción del Espíritu Santo, es un don que sirve de inspiración a toda la humanidad “en todo tiempo y en todo lugar”[viii] y a todas las culturas y situaciones. La poderosa presencia del Espíritu Santo, revelada en Jesucristo, el Señor crucificado y resucitado, nos introduce en la plenitud de vida que es el don de Dios a cada uno de nosotros. Por Cristo, en el Espíritu Santo, Dios habita en la iglesia, revelando sus designios para el mundo, y dando poder y capacidad a sus miembros para participar en la realización de esos designios.

57.  La iglesia en la historia no siempre existió, sino que, teológica y empíricamente, nació para la misión. No es posible separar la iglesia de la misión por lo que atañe a su origen o su objetivo. El objetivo de la iglesia es cumplir el designio misionero de Dios. La relación entre la iglesia y la misión es muy íntima porque el mismo Espíritu de Cristo que da poder a la iglesia en la misión, es asimismo la vida de la iglesia. Al mismo tiempo que enviaba la iglesia en misión al mundo, Jesucristo sopló el Espíritu Santo en la iglesia (Juan 20:19-23). Por ello, la iglesia existe por la misión, del mismo modo que el fuego existe porque quema. Si no practica la misión, deja de ser la iglesia.

58.  Comenzar con la misión de Dios da lugar a un enfoque eclesiológico "desde abajo". Según esta perspectiva no es la iglesia la que tiene una misión, sino más bien la misión que tiene una iglesia. La misión no es un proyecto de iglesias en expansión, sino el proyecto de la iglesia que encarna la salvación de Dios en este mundo. De ahí se deriva una concepción dinámica de la apostolicidad de la iglesia: la apostolicidad no es sólo preservar la fe de la iglesia a lo largo de los tiempos, sino también participar en el apostolado. Así pues, las iglesias tienen que ser ante todo iglesias misioneras.

La misión de Dios y la unidad de la iglesia

59.  Vivir concretamente nuestra fe en comunidad es una forma importante de participar en la misión. Por medio del bautismo, somos hermanas y hermanos que pertenecen a una misma comunidad en Cristo (Hebreos 10:25). La iglesia está llamada a ser una comunidad inclusiva, que acoge a toda persona. De palabra y obra, y en su propio ser, la iglesia anticipa y da testimonio de la visión del reino venidero de Dios. La iglesia es la reunión de los fieles y su envío en paz.

60.  Tanto desde el punto de vista práctico como teológico, esto significa que la iglesia y la misión tienen que estar unidas. La integración del Congreso Misionero Internacional y el Consejo Mundial de Iglesias en 1961 fue un paso muy importante en esa dirección. Esta histórica experiencia nos anima a creer que la misión y la iglesia pueden converger. Sin embargo, este objetivo aún no se ha logrado completamente. Tenemos que seguir avanzando por ese camino, en este siglo, promoviendo nuevas iniciativas para que la iglesia llegue a ser verdaderamente misionera.

61.  Hoy en día, las iglesias se dan cuenta de que, en muchos sentidos, aún no encarnan como deberían la misión de Dios. Hay situaciones en las que aún prevalece una especie de separación entre la misión y la iglesia. La ausencia de una unidad real y plena en la misión sigue siendo algo nefasto para la autenticidad y la credibilidad del cumplimiento de la misión de Dios en este mundo. Nuestro Señor oró “para que todos sean uno (...) para que el mundo crea" (Juan 17:21). De ese modo, la misión y la unidad son inseparables. Por consiguiente, existe la necesidad de dirigir nuestras reflexiones sobre la iglesia y la unidad hacia una concepción más amplia de la unidad: la unidad de la humanidad e incluso la unidad cósmica de toda la creación de Dios.

62.  El entorno altamente competitivo del libre mercado ha influido lamentablemente en algunas iglesias y movimientos paraeclesiásticos que buscan ser “ganadores” e imponerse a los otros. Esto ha inducido incluso la adopción de tácticas agresivas para persuadir a los cristianos que ya pertenecen a una iglesia a cambiar de denominación. Buscar el crecimiento numérico a cualquier costo es incompatible con el respeto a los otros que exige el ser discípulos cristianos. Jesús llegó a ser nuestro Cristo, no ya mediante el poder o el dinero, sino mediante el despojo de sí mismo (kenosis) y la muerte en la cruz. Este entendimiento humilde de la misión, no solo determina nuestros métodos, sino que es la verdadera naturaleza y esencia de nuestra fe en Cristo. La iglesia está al servicio de la misión de Dios, y no es el amo. La iglesia misionera glorifica a Dios en el amor que se da enteramente.

63.  En su diversidad, las comunidades cristianas están llamadas a definir y poner en práctica maneras de expresar el testimonio en común en un espíritu de colaboración y cooperación, en particular mediante formas respetuosas y responsables de evangelización. Por testimonio común se entiende “el testimonio que las iglesias dan unidas - aún cuando estén separadas -, especialmente mediante esfuerzos comunes, manifestando los dones divinos de verdad y vida que ya comparten y experimentan en común”.[ix]

64.  La naturaleza misionera de la iglesia también significa que debe haber una manera que permita a las iglesias y las estructuras paraeclesiásticas estar más estrechamente relacionadas. La fusión del Consejo Misionero Internacional y el Consejo Mundial de Iglesias aportó un nuevo marco a la hora de abordar la cuestión de la unidad de la iglesia y la misión. Mientras que las conversaciones sobre la unidad se han interesado sobre todo en cuestiones estructurales, los organismos misioneros representan la flexibilidad y la subsidiariedad en la misión. Mientras que los movimientos paraeclesiásticos pueden lograr transparencia y orientación por el hecho de estar amarrados desde el punto de vista eclesial, las estructuras paraeclesiásticas pueden ayudar a que las iglesias no olviden su índole apostólica dinámica.

65.  La CMME, heredera directa de las iniciativas sobre cooperación y unidad tomadas, en 1910, en Edimburgo, proporciona una estructura que permite a las iglesias y los organismos misioneros buscar formas de expresar y fortalecer la unidad en la misión. En tanto parte integrante del CMI, la CMME ha podido conocer nuevas concepciones de la misión y de la unidad, procedentes de las iglesias ortodoxas, anglicanas, protestantes, evangélicas, pentecostales y de pueblos indígenas de todo el mundo. El contexto del CMI también ha facilitado relaciones de trabajo más estrechas con la Iglesia Católica Romana. Una colaboración cada vez más intensa con evangélicos libres, especialmente con el Movimiento de Lausana para la Evangelización Mundial, y la Alianza Evangélica Mundial, también ha contribuido considerablemente al enriquecimiento de la reflexión teológica ecuménica sobre la misión en unidad. Juntos compartimos una preocupación común por la evangelización y por que la iglesia dé testimonio de todo el Evangelio en todo el mundo.[x]

66.  El Espíritu Santo, el Espíritu de unidad, une a las personas y también a las iglesias para celebrar la unidad en la diversidad, tanto de un modo proactivo como constructivo. El Espíritu ofrece tanto el contexto dinámico como los recursos necesarios para que las personas examinen sus diferencias en un contexto seguro, positivo y enriquecedor con objeto de crecer como comunidad inclusiva y mutuamente responsable.

Dios da poder a la iglesia en la misión

67.  Por medio de Cristo en el Espíritu Santo, Dios habita en la iglesia, dando poder y energía a sus miembros. De este modo, la misión es para los cristianos una compulsión interior urgente (1 Corintios 9:16), y una prueba y un criterio de la vida auténtica en Cristo, arraigada en las profundas exigencias del amor de Cristo, que insta a invitar a otros a participar en la vida en abundancia que Jesús vino a darnos. En consecuencia, participar en la misión de Dios, debe ser natural para todos los cristianos y  todas las iglesias, no sólo para individuos o grupos especializados.[xi]

68.  Lo que hace que sea creíble el mensaje cristiano del abundante amor de Dios por la humanidad y toda la creación, es nuestra capacidad de hablar con una sola voz, siempre que sea posible, y de dar un testimonio común, así como expresar la razón de la esperanza que está en nosotros (1Pedro 3:15). Las iglesias han formulado una importante colección de declaraciones comunes, algunas de las cuales han dado lugar a iglesias unidas o en vías de unión, así como a diálogos que buscan restaurar la unidad de todos los cristianos en un único organismo vivo de curación y reconciliación. Un redescubrimiento de la obra del Espíritu Santo en la curación y la reconciliación, que está en el centro de la teología de la misión en el día de hoy, tiene importantes consecuencias ecuménicas.[xii]

69.  Aunque se reconozca la gran importancia de alcanzar la unidad “visible” entre las iglesias, la unidad no sólo debe buscarse a nivel de las estructuras de organización. Desde la perspectiva de la misión, lo importante es discernir lo que ayuda a la causa de la misión de Dios. En otras palabras, la unidad en la misión es la base de la unidad visible de las iglesias, lo que tiene consecuencias para el orden de la iglesia. Las tentativas para alcanzar la unidad deben estar en consonancia con el llamamiento bíblico en favor de la justicia, lo que, a veces, significa desbaratar las falsas unidades, que silencian y oprimen. La unidad genuina entraña siempre la inclusión y el respeto al otro.

70.  El contexto actual de migraciones mundiales en gran escala plantea desafíos al compromiso de las iglesias con la unidad en formas muy prácticas. Se nos ha dicho: “No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (Hebreos 13.2). Las iglesias pueden ser un lugar de refugio para las comunidades de migrantes; y pueden ser asimismo centros de coordinación intercultural.[xiii]  Las iglesias están llamadas a ser una para servir la  misión de Dios más allá de las fronteras étnicas y culturales con objeto de crear un ministerio y una misión pluriculturales como expresión concreta del testimonio común en la diversidad. Esto puede entrañar abogar por la justicia en materia de políticas de migración y hacer frente a la xenofobia y el racismo. Las mujeres, los niños y los trabajadores indocumentados son los migrantes más vulnerables en todos los contextos. Pero las mujeres son a menudo punta de lanza de los nuevos ministerios de migrantes.

71.  La hospitalidad de Dios nos exhorta a trascender las nociones binarias de grupos culturalmente dominantes como anfitriones, y personas migrantes y minorías como huéspedes. Por el contrario, en la hospitalidad de Dios, Dios es el anfitrión y nosotros estamos todos invitados por el Espíritu a participar con humildad y mutua colaboración en la misión de Dios.

Congregaciones locales: nuevas iniciativas

72.  Aunque alberguemos la esperanza de la unidad del Espíritu en la Iglesia una, también es importante honrar las formas en que cada congregación local, orientada por el Espíritu, responde a su propia realidad contextual. El mundo en el que vivimos actualmente ha cambiado y pide a las congregaciones locales que tomen nuevas iniciativas. Por ejemplo, en el mundo en proceso de secularización del hemisferio Norte, las nuevas formas de misión contextual, como el “nuevo monaquismo”, las “iglesias emergentes” y las “nuevas expresiones”, han redefinido y revitalizado a las iglesias. Explorar formas contextuales de ser iglesia puede ser particularmente importante para los jóvenes. Algunas iglesias del hemisferio Norte se reúnen actualmente en bares y cafés, o en salas de cine reformadas. Familiarizarse con la vida de la iglesia en línea es una opción interesante para los jóvenes que piensan en una forma visual, no lineal, y en base a la experiencia.  

73.  Al igual que la iglesia primitiva según el Libro de los Hechos, las congregaciones locales tienen el privilegio de formar una comunidad caracterizada por la presencia del Cristo resucitado. Para muchas personas, aceptar o rechazar ser miembros de la iglesia guarda relación con sus experiencias positivas o negativas con una determinada congregación local, lo que puede ser un obstáculo o un agente de transformación.[xiv]  Así pues, es fundamental que las congregaciones locales se renueven constantemente y reciban la inspiración del Espíritu de misión. Las congregaciones locales son fronteras y agentes fundamentales de la misión.

74.   El culto y los sacramentos desempeñan un papel fundamental en la formación de la espiritualidad transformadora y la misión. Leer la Biblia en forma contextual es asimismo un recurso esencial a la hora de capacitar a las congregaciones locales para que sean mensajeros y testigos de la justicia y el amor de Dios. La liturgia en el santuario solo tiene plena integridad cuando vivimos concretamente cada día la misión de Dios en nuestras comunidades. Así pues, las congregaciones locales están obligadas a abandonar sus costumbres y atravesar las fronteras en nombre de la misión de Dios.

75.  Ahora más que nunca, las congregaciones locales desempeñan un papel clave a la hora de insistir en la importancia de atravesar las fronteras culturales y raciales, y afirmar la diferencia cultural como un don del Espíritu. En lugar de considerar la migración como un problema, puede considerarse como algo positivo que ofrece nuevas posibilidades a las iglesias de volver a descubrirse a sí mismas de manera renovada. La migración inspira oportunidades para la creación de iglesias interculturales y pluriculturales a nivel local. Todas las iglesias pueden crear espacios en los que puedan reunirse comunidades culturales diferentes; y ofrecer oportunidades fascinantes para expresiones contextuales de misión intercultural en nuestro tiempo. 

76.  Las congregaciones locales también pueden establecer, como nunca antes, conexiones a nivel mundial. Y existen muchos vínculos, que son fuente de inspiración y transformación, entre las iglesias que están alejadas geográficamente y situadas en muy diferentes contextos. Se trata de posibilidades innovadoras aunque pueden presentar dificultades. Los “envíos en misión” de corta duración, cada vez más populares, pueden contribuir a la creación de alianzas entre las iglesias de diferentes partes del mundo, aunque, en algunos casos, suponen una carga insoportable para las iglesias locales pobres, o hacen caso omiso, en general, de las iglesias existentes. Aunque existe un cierto peligro y es necesario ser cautos respecto de esos “envíos en misión” breves, esas oportunidades sobre el terreno en diversos contextos culturales y socioeconómicos pueden dar lugar a cambios a largo plazo cuando el enviado regresa a su comunidad de origen. El desafío consiste en encontrar formas de practicar los dones espirituales que edifican la iglesia en todo lugar (1 Corintios 12-14).

77.  La defensa y promoción de la justicia ya no es la prerrogativa exclusiva de las asambleas nacionales y las oficinas centrales sino una forma de testimonio que insta al compromiso de las iglesias locales. Por ejemplo, el Decenio para Superar la Violencia del CMI (2001-2011) concluyó con un llamamiento a las iglesias en la Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz: “Las iglesias deben ayudar a determinar las decisiones cotidianas que permitan poner fin a los abusos y promover los derechos humanos, la justicia de género, la justicia climática, la justicia económica, la unidad y la paz”.[xv] Su asidero en la vida de todos los días da a las iglesias locales legitimidad y motivación para luchar por la justicia y la paz.

78.  La iglesia en cada contexto geopolítico y socioeconómico está llamada a servir (diakonia) – a vivir concretamente la fe y la esperanza de la comunidad del pueblo de Dios, dando testimonio de lo que Dios ha hecho en Jesucristo. Por medio del servicio la iglesia participa en la misión de Dios, a la manera de su Señor y siervo. La iglesia está llamada a ser una comunidad diaconal que manifiesta el poder de servicio por encima del poder de dominación, dando posibilidades de vida enriquecida, y testificando de la gracia transformadora de Dios mediante acciones de servicio que hablen de la promesa del Reino de Dios. [xvi]

79.  A medida que la iglesia descubre más a fondo su identidad como comunidad misionera, su carácter volcado hacia el exterior encuentra expresión en la evangelización.

Espíritu de Pentecostés: buena noticia para todos

El llamamiento a evangelizar

80.  El testimonio (martyria) adopta una forma concreta en la evangelización que es la comunicación de todo el Evangelio a toda la humanidad en todo el mundo. [xvii] Su objetivo es la salvación del mundo y la gloria del Dios Trino y Uno. La evangelización es la actividad misionera que hace explícita y sin equívocos la centralidad de la encarnación, el sufrimiento y la resurrección de Jesucristo sin establecer límites a la gracia redentora de Dios. Tiene como objeto dar a conocer esa buena nueva a todas las personas que aún no la han escuchado invitándolos a una experiencia de vida en Cristo.

81.  “La evangelización es algo que fluye de los corazones que están llenos del amor de Dios para quienes aún no lo conocen”.[xviii] En Pentecostés, los discípulos no pudieron dejar de proclamar las obras poderosas de Dios (Hechos 2:4; 4:20). Sin menoscabo de las diferentes dimensiones de la misión, “la evangelización” consiste esencialmente en una sistematización explícita e intencional del Evangelio, en particular, “la invitación a la conversión personal a una nueva vida en Cristo y a ser sus discípulos”.[xix] Mientras que el Espíritu Santo llama a algunos a que sean evangelistas (Efesios 4:11), nosotros estamos llamados a dar cuenta de la esperanza que está en nosotros (1 Pedro 3:15). No sólo las personas individuales sino asimismo la iglesia en su conjunto estamos llamados a evangelizar (Marcos 16:15; 1 Pedro 2:9).

82.  El mundo de hoy se caracteriza por una excesiva afirmación de identidades y convicciones religiosas que parecen quebrantar y brutalizar en el nombre de Dios en lugar de sanar y sustentar a las comunidades. En ese contexto, es importante reconocer que el proselitismo no es una manera legítima de practicar la evangelización.[xx]  El Espíritu Santo opta por colaborar con quienes predican y viven la buena nueva (véanse Romanos 10:14-15; 2 Corintios 4:2-6), pero sólo el Espíritu de Dios crea la nueva vida y permite el nuevo nacimiento (Juan 3:5-8; 1 Tesalonicenses 1:4-6). Reconocemos que a veces la evangelización ha sido distorsionada y ha perdido su credibilidad debido a que algunos cristianos han impuesto “conversiones” mediante medios violentos o abusando del poder. Sin embargo, en algunos contextos, las acusaciones de conversiones forzosas están motivadas por el deseo de grupos dominantes de impedir que los marginados expresen sus identidades manteniéndolos en condiciones deshumanizantes.

83.  Evangelizar es compartir nuestra fe y convicciones con otras personas, invitándolas a ser discípulos de Cristo, aunque se adhieran a otras tradiciones religiosas. Ese compartir debe tener lugar en un entorno de confianza y humildad, y debe ser una expresión del amor que profesamos a nuestro mundo. Si afirmamos que amamos a Dios y que amamos a nuestros prójimos pero no les comunicamos la buena nueva con un sentido de urgencia y de firmeza, nos engañamos a nosotros mismos respecto de la integridad de nuestro amor tanto para con Dios como para con nuestro prójimo. No hay mayor presente que podamos ofrecer a nuestros prójimos que compartir con ellos el amor, la gracia y la misericordia de Dios en Cristo e iniciarlos a ese amor. 

84.  La evangelización conduce al arrepentimiento, la fe y el bautismo. Cuando se nos dice la verdad frente al pecado y el mal, es necesario dar una respuesta – positiva o negativa (Juan 4:28-29; véase Marcos 10:22). Propicia la conversión que entraña un cambio de actitudes, prioridades y objetivos. Da lugar a la salvación de quienes están perdidos, la curación de los enfermos y la liberación de los oprimidos y de toda la creación.

85.  Sin menoscabo de las diferentes dimensiones de la misión, “la evangelización” consiste esencialmente en una sistematización explícita e intencional del Evangelio, en particular, “la invitación a la conversión personal a una nueva vida en Cristo y a ser sus discípulos”.[xxi] Las diferentes iglesias tienen entendimientos divergentes acerca de cómo nos llama el Espíritu a evangelizar en nuestros contextos. Para algunas, la evangelización es ante todo orientar a las personas hacia la conversión personal por medio de Jesucristo; para otras, la evangelización es ser solidarios y dar un testimonio cristiano sobre la base de la presencia de los pueblos oprimidos; otras, además, consideran la evangelización como uno de los componentes de la misión de Dios. Las diferentes tradiciones cristianas se refieren a aspectos de la misión y la evangelización de diversas formas; sin embargo, aún podemos afirmar que el Espíritu nos llama a todos a un entendimiento de la evangelización arraigado en la vida de la iglesia local en la que el culto (leiturgia) está inextricablemente ligado al testimonio (martyria), al servicio (diakonia) y a la comunidad (koinonia).

La evangelización siguiendo el camino de Cristo

86.  Evangelizar es comunicar la buena nueva de palabra y obra. Evangelizar mediante la proclamación verbal o la predicación del Evangelio (kerygma) es una acción profundamente bíblica. Sin embargo, si no demostramos lo que decimos con nuestros actos, nuestra evangelización carece de autenticidad. La combinación de declaración verbal y de acción visible da testimonio de la revelación de Dios en Jesucristo y de sus designios. La evangelización está estrechamente relacionada con la unidad: el amor recíproco es una demostración del Evangelio que anunciamos (Juan 13:34-35) mientras que la desunión es un obstáculo para el Evangelio (1 Corintios 1).

87.  Hay ejemplos históricos y contemporáneos del servicio humilde y fiel que han desempeñado muchos cristianos en sus contextos locales, con la ayuda del Espíritu, para aportar vida en su plenitud. Por otra parte, muchos cristianos que vivieron y trabajaron como misioneros lejos de los respectivos contextos culturales lo hicieron con humildad, mutualidad y respeto; el Espíritu de Dios a su vez suscitó en esas comunidades la necesidad de transformación.

88.  Lamentablemente, muchos métodos y prácticas de evangelización han traicionado en lugar de encarnar el Evangelio. Cuando eso ocurre, estamos llamados a arrepentirnos. Imitar a Jesús en la misión entraña afirmar la dignidad y los derechos de los otros. Estamos llamados a servir a los otros como lo hizo Cristo (véase Marcos 10:45; Mateo 25:45), sin explotación y sin utilizar cualquier forma de seducción.[xxii] En esos contextos individualizados, puede ser posible confundir la evangelización con la compra y venta de un “producto”, en cuyo caso nosotros decidimos qué aspectos de la vida cristiana queremos adoptar. Por el contrario, el Espíritu rechaza la idea de que la buena nueva de Jesús para todos pueda consumirse según pautas capitalistas, y el Espíritu nos llama a la conversión y la transformación a nivel personal, lo que nos lleva a proclamar la plenitud de vida para todos.

89.  La evangelización auténtica está arraigada en la humildad y el respeto a todos, y prospera en el contexto del diálogo. Promueve el mensaje del Evangelio, de curación y reconciliación, de palabra y obra. “No hay evangelización sin solidaridad, ni hay solidaridad cristiana que no implique comunicar el mensaje del reino que ha de venir”.[xxiii] Así pues, la evangelización sirve de inspiración para la edificación de las relaciones interpersonales y comunitarias. Esas relaciones auténticas se sustentan mejor en las comunidades religiosas locales, y sobre la base de contextos culturales locales. El testimonio cristiano lo es tanto por nuestra presencia como por nuestras palabras. En situaciones en las que el testimonio público de la fe no es posible sin arriesgar la propia vida, el mero hecho de vivir el Evangelio puede ser una poderosa alternativa.

90.  Conscientes de las tensiones entre las personas y las comunidades de diferentes convicciones religiosas y de la diversidad de interpretaciones del testimonio cristiano, la evangelización auténtica debe inspirarse en valores que afirmen la vida, como consta en la declaración conjunta sobre “Testimonio cristiano en un mundo de pluralismo religioso: Recomendaciones sobre la práctica del testimonio”:

a.       Rechazar toda forma de violencia, discriminación y represión, sea psicológica sea social, por cualesquiera autoridades religiosas o laicas, en particular el abuso de poder.

b.      Afirmar la libertad de religión o sea la libertad de practicar y profesar la propia religión sin temor a las represalias ni a la intimidación. Afirmar además el respeto mutuo y la solidaridad que promueven la justicia, la paz y el bien común de todos.

c.       Respetar a todas las personas y culturas humanas, discerniendo al mismo tiempo los elementos de nuestras propias culturas, como es el caso del patriarcado, el racismo, el castismo, etc., que deben ser impugnados por el Evangelio.  

d.      Renunciar al falso testimonio y saber escuchar con objeto de comprender en el respeto mutuo.

e.      Velar por la libertad de discernimiento de las personas y las comunidades en el proceso de tomar de decisiones.

f.        Construir relaciones con creyentes de otras religiones o con personas que no profesan religión alguna para facilitar un mayor entendimiento mutuo así como la reconciliación y la cooperación por el bien común.[xxiv]

91.  Vivimos en un mundo muy influido por el individualismo, el secularismo y el materialismo así como por otras ideologías que impugnan los valores del reino de Dios. Aunque el Evangelio sea en última instancia una buena nueva para toda persona, es una mala noticia para las fuerzas que promueven la mentira, la injusticia y la opresión. En ese sentido, la evangelización es también una vocación profética que implica decir la verdad a los poderosos en la esperanza y en el amor (Hechos 26:25; Colosenses 1:5; Efesios 4:15). El Evangelio es liberador y transformador, y su anuncio debe dar lugar a la transformación de las culturas con miras a crear comunidades justas e incluyentes.

92.  Mostrar su oposición al mal y la injusticia y ser proféticos puede acarrear a veces enfrentarse con la represión y la violencia, y, como consecuencia, tener que enfrentarse con el sufrimiento, la persecución e incluso la muerte. La evangelización auténtica implica ser vulnerable, seguir el ejemplo de Cristo llevando la cruz y despojándose a sí mismo (Filipenses 2: 5-11). Del mismo modo que la sangre de los mártires, en la época de la persecución romana, fue la simiente de la iglesia, en nuestros días, la búsqueda de la justicia y la equidad constituyen un pujante testimonio de Cristo. Jesús vinculó esa negación de sí mismo al llamamiento a seguirle y a la salvación eterna (Marcos 8:34-38).

Evangelización, diálogo interreligioso y presencia cristiana

93.  En la pluralidad y la complejidad del mundo de hoy, encontramos personas pertenecientes a muchas religiones, ideologías y convicciones diferentes. Creemos que el Espíritu de vida aporta alegría y plenitud de vida. Ahora bien, el Espíritu de Dios puede encontrarse en todas las culturas que afirmen la vida. El Espíritu Santo obra por caminos misteriosos, y nosotros no podemos entender totalmente la forma de obrar del Espíritu en otras tradiciones religiosas. Reconocemos que existe valor y sabiduría inherentes en las diversas espiritualidades que dan vida. Por lo tanto, la misión auténtica hace que el "otro" sea un copartícipe, y no un "objeto" de la misión.

94.  El diálogo es una forma de afirmar nuestra vida común y los objetivos que promueven la vida y la integridad de la creación. El diálogo a nivel religioso solo es posible cuando lo entablamos con la esperanza de encontrarnos con Dios quien nos ha precedido y ha estado presente con las personas en los respectivos contextos.[xxv] Dios está allí antes que nosotros (Hechos 17) y nuestra tarea no es llevar con nosotros a Dios sino dar testimonio del Dios que ya está allí. El diálogo permite un encuentro honesto en el que cada parte aporta a la mesa todo lo que es, de manera franca, paciente y respetuosa. 

95.  La evangelización y el diálogo son diferentes pero están interrelacionados. Aunque los cristianos esperan que todas las personas puedan llegar a un conocimiento vivo  del Dios Trino y Uno, y oran por ello, la evangelización no es el objetivo del diálogo. Sin embargo, habida cuenta de que el diálogo es asimismo “un encuentro de compromisos”, compartir la buena nueva de Jesucristo tiene su lugar legítimo en el mismo. Por otra parte, la evangelización auténtica tiene lugar en el contexto del diálogo de vida y de acción, y en el “espíritu de diálogo”: “una actitud de respeto y amistad”.[xxvi] La evangelización no solo entraña el compartir nuestras profundas convicciones, sino también el escuchar a los otros, así como dejarse interpelar y ser enriquecidos por ellos (Hechos 10).

96.  Es particularmente importante el diálogo entre creyentes de diferentes religiones, no solo en contextos de pluralidad religiosa sino también allí donde hay una religión mayoritaria. Es necesario proteger los derechos de los grupos minoritarios así como la libertad religiosa y dar la posibilidad a todas las personas de contribuir al bien común de todos en la comunidad. Es necesario defender la libertad de culto porque se deriva de la propia dignidad de la persona humana, que se arraiga en el hecho de que todos los seres humanos han sido creados a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26). Los seguidores de todas las religiones y las creencias tienen los mismos derechos y responsabilidades.[xxvii]

Evangelización y culturas

97.  El Evangelio se arraiga en diferentes contextos mediante el compromiso con la específica realidad cultural, política y religiosa. Para lograr una mejor recepción del Evangelio, es necesario el respeto de las personas así como de los mundos culturales y simbólicos en los que viven. Para que esto sea posible se debe comenzar por el compromiso y el diálogo con el contexto más amplio con objeto de discernir la presencia de Cristo y en qué forma el Espíritu de Dios está ya manos a la obra.

98.  Debido a la conexión entre la evangelización y los poderes coloniales en la historia de la misión, se ha llegado a considerar que las formas occidentales de cristianismo son la norma según la cual debe juzgarse la adhesión de otros al Evangelio. La evangelización, tal como la practican quienes poseen el poder económico o la hegemonía cultural, corre el riesgo de provocar una distorsión del Evangelio. Por consiguiente, es necesario que la evangelización se apoye en la coparticipación de los pobres, los desheredados y las minorías, y se plasme utilizando sus recursos y visiones teológicos.

99.  La observancia de la uniformidad desacredita la singularidad de cada persona creada a imagen y semejanza de Dios. Mientras que Babel fue una tentativa de imponer la uniformidad, la predicación de los discípulos, el día de Pentecostés, tuvo como resultado una unidad en la que las particularidades y las identidades de la comunidad no se perdieron, sino que se respetaron: escucharon la buena nueva en sus propios idiomas.

100.  Jesús nos llama a abandonar nuestras estrictas preocupaciones sobre nuestro propio reino, nuestra propia liberación y nuestra propia independencia (Hechos 1:6) poniendo de manifiesto una visión más amplia, y otorgándonos poder, por el Espíritu Santo, para ir hasta “los confines de la tierra” como testigos de la justicia, la libertad y la paz de Dios en cada contexto de tiempo y espacio. La obra de evangelización que se nos ha encomendado consiste en orientar todo hacia Jesús, en lugar de hacia nosotros o hacia nuestras instituciones, velando por los intereses de los otros en lugar de preocuparnos por nuestro propio interés (véase Filipenses 2:3-4). No podemos percibir las complejidades de las Escrituras desde la perspectiva cultural dominante. La pluralidad de culturas es un don del Espíritu que tiene como objetivo ahondar en el entendimiento de nuestra fe y de los otros. Como tal, las comunidades interculturales religiosas, en las que diversas comunidades culturales celebran el culto juntas, favorecen que las culturas puedan comprometerse unas con otras de forma auténtica, y que la cultura pueda enriquecer el Evangelio. Al mismo tiempo, el Evangelio es crítico de las nociones de superioridad cultural. “Para que el Evangelio sea fructífero necesita ser fiel a sí mismo y estar encarnado o arraigado en la cultura de un pueblo. […] Necesitamos buscar constantemente la visión del Espíritu Santo para poder discernir mejor en qué el Evangelio pone en tela de juicio, apoya o transforma una cultura en particular” [xxviii] por el bien de la vida.

FIESTA DE LA VIDA: AFIRMACIONES FINALES

101.  Somos servidores  del Dios Trino y Uno, que nos confió la misión de proclamar las buenas nuevas a toda la humanidad y a toda la creación, especialmente a las personas oprimidas y a las que sufren, y que anhelan la plenitud de vida. La misión -como testimonio común de Cristo- es una invitación a “sentarnos a la mesa en el reino de Dios” (Lucas 14:15). La misión de la iglesia consiste en preparar el banquete e invitar a toda persona a festejar la vida. Esta fiesta es una celebración de la creación, y de la fecundidad que rezume del amor de Dios, fuente de la vida en abundancia. Es un signo de la liberación y la reconciliación de toda la creación, que es el objetivo de la misión. Con una renovada valoración de la misión del Espíritu de Dios, ofrecemos las siguientes afirmaciones como respuesta a las preguntas planteadas al comienzo del presente documento.

102.   Afirmamos que el objetivo de la misión de Dios es la plenitud de vida (Juan 10:10) y éste es el criterio de discernimiento en la misión. Por lo tanto, estamos llamados a discernir el Espíritu de Dios allí donde haya vida en abundancia, en particular en forma de liberación de los pueblos oprimidos, así como de sanación y de reconciliación de comunidades fracturadas y de restauración de toda la creación. Se nos insta a valorar los espíritus, presentes en las diferentes culturas, que afirman la vida, y a ser solidarios con quienes participan en la misión de afirmar y preservar la vida. Además, debemos discernir y confrontar los espíritus malignos, dondequiera estén actuando las fuerzas de muerte y de negación de la vida.

103.   Afirmamos que la misión comienza con un acto creador de Dios y que continúa en constante recreación por el poder vivificante del Espíritu Santo. El Espíritu Santo, derramado en lenguas de fuego en Pentecostés, llena nuestros corazones y nos hace la iglesia de Cristo. El Espíritu que estaba en Cristo nos inspira para que adoptemos una forma de vida que nos lleve a despojarnos de nosotros mismos y a llevar la cruz, y acompaña al pueblo de Dios que se esfuerza por dar testimonio del amor de Dios de palabra y obra. El Espíritu de verdad nos conduce a toda verdad y nos da los medios para decir la verdad en amor, haciendo frente a los poderes demoníacos. En tanto comunidad redimida, compartimos con otros las aguas de vida, y esperamos que el Espíritu Santo cure, reconcilie y renueve toda la creación.

104.  Afirmamos que la espiritualidad es la fuente de energía para la misión y que la misión en el Espíritu es transformadora. Así pues, deseamos reorientar nuestra perspectiva entre misión, espiritualidad y creación. La espiritualidad de la misión que fluye del culto y la liturgia restablece las relaciones unos con otros y con toda la creación. Entendemos que nuestra participación en la misión, nuestra existencia en la creación, así como nuestra práctica de la vida del Espíritu son inseparables porque se transforman mutuamente. La misión que comienza con la creación nos invita a celebrar la vida en todas sus dimensiones como don de Dios.

105.  Afirmamos que la misión del Espíritu de Dios es renovar toda la creación. “Del Señor es la tierra y cuanto hay en ella” (Salmo 24:1). El Dios de la vida protege, ama y cuida la naturaleza. La humanidad no es dueña de la tierra, pero le incumbe velar por la integridad de la creación. Debe ponerse fin a la codicia excesiva y al consumo ilimitado que son causa de la destrucción continua de la naturaleza. El amor de Dios no proclama que la salvación humana esté separada de la renovación de toda la creación. Estamos llamados a participar en la misión de Dios más allá de nuestros objetivos centrados en el ser humano. La misión de Dios se dirige a toda vida y debemos no solo reconocerlo sino estar a su servicio en nuevas formas de misión. Oramos por arrepentimiento y perdón, e instamos a actuar sin demora. La creación está en el centro de la misión.

106.   Afirmamos que hoy existen nuevos movimientos misioneros en el Sur y en el Este del mundo, que tienen múltiples facetas y tienden hacia múltiples direcciones. El cambio del centro de gravedad del cristianismo hacia el Sur y el Este del mundo nos interpela para que examinemos las expresiones misioneras enraizadas en esos contextos, culturas y espiritualidades. Necesitamos promover una mayor reciprocidad y colaboración, afirmando la interdependencia en la misión y en el movimiento ecuménico. Nuestra práctica misionera debe manifestar solidaridad con la gente que sufre y armonía con la naturaleza. La evangelización se lleva a cabo con una actitud humilde de despojo de sí mismo, en el respeto a los otros y en diálogo con las personas de culturas y religiones diferentes. En ese contexto, la evangelización también entraña impugnar las estructuras y las culturas de opresión y deshumanizantes que contradicen los valores del reino de Dios.

107.  Afirmamos que las personas marginadas son agentes de misión y ejercen una función profética que pone de relieve que la plenitud de vida es para toda persona. Quienes están marginados de la sociedad son los principales copartícipes en la misión de Dios. Las personas marginadas, oprimidas y que sufren tienen el don especial de distinguir entre lo que para ellos son buenas nuevas y lo que es malo para sus vidas vulnerables. A la hora de comprometernos en la misión de Dios que promueve la vida, tenemos que escuchar las voces que desde los márgenes expresan lo que afirma la vida y lo que la destruye. Debemos orientar nuestra misión hacia las acciones que llevan a cabo las personas marginadas. La justicia, la solidaridad y la inclusión son expresiones clave de la misión desde los márgenes.

108.   Afirmamos que la economía de Dios está basada en los valores de amor y de justicia para toda persona, y la misión transformadora se opone a la idolatría de la economía de libre mercado. La globalización económica ha reemplazado, de hecho, al Dios de la vida por Mammon, el dios del capitalismo de libre mercado que reivindica su poder de salvar el mundo mediante la acumulación indebida de riqueza y prosperidad. La misión en ese contexto necesita ser contracultural, ofreciendo alternativas a esas visiones idólatras, porque la misión pertenece al Dios de la vida, la justicia y la paz, y no a ese falso dios que es causa de miseria y sufrimiento para las personas y la naturaleza. En este sentido, la misión consiste en denunciar la economía de codicia y en participar en la economía divina del amor, la solidaridad y la justicia.

109.  Afirmamos que el Evangelio de Jesucristo es la buena nueva en todo tiempo y lugar, y debe proclamarse en el Espíritu de amor y humildad. Afirmamos la centralidad de la encarnación, la cruz y la resurrección en nuestro mensaje, así como en la manera de practicar la evangelización. En este sentido, la evangelización siempre está dirigida hacia Jesús y hacia el reino de Dios, y no está centrada en las instituciones, y pertenece al ser mismo de la iglesia. La voz profética de la iglesia no debe ser silenciada en tiempos en los que es necesario que su voz se haga oír. La iglesia está llamada a renovar sus métodos de evangelización para comunicar las buenas nuevas con persuasión, elocuencia y convicción.

110.  Afirmamos que el diálogo y la cooperación por la vida son partes integrantes de la misión y la evangelización. La evangelización auténtica debe practicarse en el respeto de la libertad de religión y de creencia de todos los seres humanos en tanto imágenes de Dios. El proselitismo sea por medios violentos, sea ofreciendo incentivos económicos sea abusando del poder, es contrario al mensaje del Evangelio. A la hora de evangelizar es importante establecer relaciones de respeto y confianza entre los creyentes de diferentes religiones. Valoramos todas y cada una de las culturas y reconocemos que el Evangelio no es propiedad de ningún grupo, sino que pertenece a todos. Entendemos que nuestra tarea no es llevar con nosotros a Dios, sino dar testimonio de Dios, quien ya está en todo lugar (Hechos 17: 23 - 28). Asociados al Espíritu estamos capacitados para cruzar barreras culturales y religiosas, trabajando juntos por la vida.

111.  Afirmamos que Dios hace avanzar a la iglesia en la misión y le da el poder y los medios para llevarla adelante. La iglesia, pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y el templo del Espíritu Santo, es dinámica y sujeta a cambio en tanto continúa participando en la misión de Dios. Por ello, son muchas las formas de testimonio común poniendo en evidencia la diversidad del cristianismo mundial. En consecuencia, las iglesias necesitan avanzar, marchando unidas en la misión, continuando la misión de los apóstoles. En términos prácticos, esto significa que la iglesia y la misión deben estar unidas, y que los diferentes organismos eclesiales y misioneros deben colaborar al servicio de la vida.

112.  El Dios Trino y Uno invita a toda la creación a la Fiesta de la Vida, por Jesucristo, que vino para "que todos tengan vida, y la tengan en abundancia" (Juan 10:10), por el Espíritu Santo, que afirma la visión del reino de Dios: "Porque he aquí, yo crearé nuevos cielos y nueva tierra" (Isaías 65:17). En humildad y esperanza, nos comprometemos juntos en la misión de Dios, quien recrea y reconcilia todas las cosas. Y oramos: "¡Dios de Vida, condúcenos a la justicia y la paz!"

 

Notas

[i] Salvo que se indique otra cosa, las citas de la Biblia se han sacado de la versión Reina Varela 1995 (RV1995).

[ii] Véase Todd M. Johnson, Kenneth R.Ross eds., Atlas of Global Christianity, Edimburgo, Edinburgh University Press, 2009.

[iii] Véase Ion Bria, The Liturgy after the Liturgy: Mission and Witness from an Orthodox Perspective, Ginebra, CMI, WCC, 1996. El término fue acuñado originalmente por el Arzobispo Anastasios Yannoulatos, y ampliamente difundido por Ion Bria.

[iv] Globalización alternativa para los pueblos y la tierra (AGAPE): Documento de referencia, CMI, 2005, pág.6.

[v] Alianza por la justicia económica y la vida en la tierra: La Confesión de Accra, Alianza Reformada Mundial, 2004, §10.

[vi] Edimburgo 2010, Convocatoria Común, § 4.

[vii] La salud integral: la función de las iglesias en la salud, CMI, 1990, p.6.

[viii] Bautismo, Eucaristía y Ministerio, Documento de Fe y Constitución  no.111, 1982, §19.

[ix] Thomas F. Best, Günther Gassmann eds., On the Way to Fuller Koinonia: Official Report of the Fifth World Conference on Faith and Order, Santiago de Compostela, 1993, WCC, 1994, p. 254.

[x] Véase “The Whole Church Taking the Whole Gospel to the Whole World: Reflections of the Lausanne Theology Working Group”, 2010.

[xi] Misión y evangelización en la unidad, documento de estudio de la CMME, §13.

[xii] Véase Mission as Ministry of Reconciliation, in Jacques Matthey ed., You Are the Light of the World: Statements on Mission by the World Council of Churches 1980-2005, Geneva, WCC, 2005, pp.90-162.

[xiii] “Report of WCC Consultation on Mission and Ecclesiology of the Migrant Churches, Utrecht, the Netherlands, 16-21 November 2010”, International Review of Mission, 100.1., 2011, pp.104-107.

[xiv] Christopher Duraisingh ed., Called to One Hope: The Gospel in Diverse Cultures, Ginebra, CMI, 1998, p.54.

[xv] Gloria a Dios y Paz en la Tierra: Mensaje de la Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz, CMI, Kingston, Jamaica, 17-25 de mayo de 2011, p.2.

[xvi]Diakonia in the Twenty First Century: Theological Perspectives”, Conferencia sobre Teología de la Diaconía para el siglo XXI, Colombo, Sri Lanka, 2-6 de junio de 2012, p.2.  

[xvii] Minutes and Reports of the Fourth Meeting of the Central Committee, WCC, Rolle, Suiza, 1951, p.66.

[xviii] El Movimiento de Lausana, El Compromiso de Ciudad del Cabo, 2010, Primera parte, 7.b).

[xix]  Véase Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización, No.12, 2007, págs. 489-504.

[xx] Hacia un testimonio común: llamamiento para establecer relaciones responsables en la misión y renunciar al proselitismo , Comité Central del CMI, 1997.

[xxi]  Es importante señalar que no todas las iglesias entienden la evangelización como se ha expresado aquí. La Iglesia Católica Romana se refiere a la “evangelización” como la missio ad gentes [la misión a todos los pueblos] dirigida a quienes no conocen a Cristo. En un sentido amplio, se utiliza para describir la labor pastoral ordinaria, mientras que la frase “nueva evangelización” designa la pastoral a quienes ya no practican la fe cristiana. Véase: Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización.

[xxii] Consejo Mundial de Iglesias, Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligiosos, Alianza Evangélica Mundial, Testimonio cristiano en un mundo de pluralismo religioso: Recomendaciones sobre la práctica del testimonio, 2011.

[xxiii] Informe de San Antonio, pág. 26; Misión y Evangelización: una afirmación ecuménica, §34; Informe de Salvador, p.38.

[xxiv] Testimonio cristiano en un mundo de pluralismo religioso: Recomendaciones sobre la práctica del testimonio, 2011.

[xxv] Véase: Baar Statement: Theological Perspectives on Plurality, WCC, 1990.

[xxvi] PCDI, Diálogo y Anuncio, 1991, §9.

[xxvii] Testimonio cristiano en un mundo de pluralismo religioso: Recomendaciones sobre la práctica del testimonio, 2011.

[xxviii] Llamados a una sola esperanza, pp.21-22; 24.