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Historia

El CMI y el conflicto palestino-israelí

El CMI y el conflicto palestino-israelí

El CMI se ha involucrado a fondo en los esfuerzos para la paz en Tierra Santa desde 1948, cuando se creó el Estado de Israel y se estableció oficialmente el CMI. Incluso antes de 1948, el CMI en proceso de formación se esforzó por ayudar a los judíos de Europa a salir de los territorios ocupados por los nazis en Europa y a emigrar hacia lugares seguros. Más tarde, prestó asistencia a los refugiados palestinos desplazados como resultado de la partición. En reiteradas ocasiones, el CMI ha instado a que se concluya un acuerdo general de paz que garantice los derechos, el bienestar y la seguridad de los pueblos de Israel y Palestina.

El Consejo ha alentado el diálogo entre cristianos, judíos y musulmanes para promover la tolerancia y relaciones armoniosas. Ya en su Primera Asamblea que tuvo lugar en 1948, reconoció la legitimidad del Estado de Israel y el derecho de los palestinos a tener su propio Estado. Por otra parte, ha mantenido estrechas relaciones con sus iglesias miembros y las comunidades cristianas de Jerusalén.

A partir de 1995, el CMI centró su atención en Jerusalén como clave para la paz en el conjunto de la región, instando a que sea declarada ciudad abierta, compartida por los dos pueblos y las tres religiones. Tras el colapso del proceso de paz de Oslo a finales de los años 1990, la provocadora visita de Ariel Sharon a la Explanada en Jerusalén y el segundo levantamiento palestino que tuvo como resultado, el CMI intensificó sus esfuerzos en favor de una acción internacional en nombre de los palestinos que vivían bajo la ocupación, tanto cristianos como musulmanes. Mientras tanto, fue cada vez mayor el número de cristianos palestinos que se vieron obligados a emigrar a consecuencia de la ocupación por Israel de sus tierras y de las prácticas discriminatorias contra los palestinos, así como impulsados por el deseo de iniciar una nueva vida lejos del conflicto.

En febrero de 2001, el Comité Central del CMI instó a su secretario general y a su personal a redoblar sus esfuerzos para lograr una paz global basada en la justicia y la seguridad para todos los pueblos de la región.

Tras la recomendación de una delegación ecuménica que visitó Tierra Santa en junio de 2001 y de una consulta de iglesias y copartícipes ecuménicos de la región y de otras partes del mundo, celebrada en agosto de 2001, el CMI emprendió en 2002 una "campaña ecuménica para poner fin a la ocupación ilegal de Palestina: apoyar a una paz justa en Oriente Medio". Como consecuencia de esta campaña se creó el Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel.

Reunido en febrero de 2005, el Comité Central del CMI recordó a las iglesias miembros del Consejo que "contando con fondos de inversión, tienen la oportunidad de utilizarlos responsablemente en apoyo de soluciones pacíficas" para el conflicto Israel/Palestina. El órgano rector del CMI estimuló a las entonces 347 iglesias miembros del Consejo a "considerar seriamente medidas económicas que sean equitativas, transparentes y noviolentas". Una manera de trabajar por la paz es evitar los vínculos económicos con actividades ilegales relacionadas con la ocupación israelí.

Desde 2006, el CMI invita una vez al año a celebrar una semana de acción internacional de las iglesias por la paz, movilizando a las iglesias de todo el mundo para que informen a sus miembros con respecto al conflicto, emprendan acciones públicas y se esfuercen por sensibilizar a los líderes políticos respecto a la paz con justicia.

En 2007, las iglesias de todas las regiones del mundo se reunieron en Amman (Jordania) para establecer un Foro Ecuménico Palestina Israel. El objetivo de este Foro es "catalizar y coordinar los esfuerzos ya existentes y los nuevos esfuerzos emprendidos por las iglesias en favor de la paz". Las iglesias y las organizaciones relacionadas con las igleisas que participen habrán de trabajar juntas par poner fin a la ocupación de los territorios palestinos de conformidad con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas, y demostrar su compromiso con una acción interreligiosa por la paz y la justicia al servicio de todos los pueblos de la región.